La lectura por placer se relaciona con una mejor salud cerebral y un mayor bienestar
Leer porque apetece, sin exámenes, obligaciones ni objetivos académicos de por medio, podría aportar bastante más que entretenimiento. Un trabajo publicado en la revista científica Psychological Medicine, de Cambridge University Press, reúne investigaciones que relacionan la lectura por placer con una mejor salud cerebral, un mayor rendimiento cognitivo y un mejor bienestar mental. Los trabajos revisados también apuntan hacia una menor sensación de soledad, menos estrés y un posible efecto protector frente al deterioro cognitivo a medida que envejecemos.

El artículo Reading and associations with brain health, cognition, well-being, and mental health, firmado por Barbara J. Sahakian, Vicki Perrin y Christelle Langley, no presenta un único experimento, sino que repasa estudios longitudinales, investigaciones con neuroimagen, análisis del comportamiento y encuestas realizadas en diferentes etapas de la vida. Esta variedad permite observar algo interesante: la relación entre lectura, cerebro y bienestar aparece desde la infancia y puede mantenerse durante la edad adulta y la vejez. Eso sí, los propios autores recuerdan que todavía hacen falta más investigaciones experimentales para conocer con precisión qué mecanismos están detrás de estas asociaciones.
Hay otro detalle importante. Cuando los investigadores hablan de lectura por placer no se refieren únicamente a libros impresos. Incluyen también libros electrónicos, revistas, cómics y novelas gráficas, siempre que exista una decisión voluntaria de leer porque esa actividad resulta satisfactoria. Dicho de otra forma, no parece tratarse tanto de qué se lee como de incorporar la lectura elegida libremente como una actividad habitual a lo largo de la vida.
La caída de la lectura entre niños y adolescentes hace todavía más importante recuperar el placer de leer
El trabajo parte de una situación que preocupa desde hace tiempo: cada vez menos niños y adolescentes dicen leer con frecuencia o encontrar placer en la lectura. Los datos del National Literacy Trust utilizados por los autores muestran que esta caída se ha ido acentuando, especialmente entre los chicos de 11 a 16 años. También existen diferencias relacionadas con el género y la situación socioeconómica.
Pero los propios jóvenes dan algunas pistas sobre cómo volver a acercarlos a la lectura. El 38,1 % afirma sentirse más motivado cuando lo que lee guarda relación con una película o serie que le gusta, mientras que un 37,1 % se interesa más cuando la lectura coincide con sus aficiones. Un 30,9 % señala la importancia de una portada o un título atractivos y un 26,6 % valora especialmente poder elegir libremente qué quiere leer.
Esto cambia bastante la perspectiva. Fomentar la lectura no debería consistir únicamente en insistir en que hay que leer más. También implica escuchar intereses, ampliar formatos y ofrecer posibilidades de elección. Cómics, novelas gráficas, fan fiction, artículos, letras de canciones o historias relacionadas con universos audiovisuales pueden convertirse en puertas de entrada. Incluso entre quienes dicen que leer no está entre sus actividades favoritas existe conciencia de que la lectura ayuda a aprender palabras nuevas y descubrir cosas. El reto quizá esté en conseguir que esa utilidad vaya acompañada también de curiosidad y placer.
La lectura se relaciona con menos estrés, mayor bienestar y más conexión social
Parte de la evidencia analizada procede de encuestas realizadas entre personas adultas. Una de ellas, con 4.164 participantes, encontró asociaciones entre la lectura y aspectos como la empatía, el crecimiento personal y el alivio del estrés. Otra encuesta, realizada entre unas 2.000 personas participantes en grupos de lectura compartida, mostró que un 74 % consideraba que leer había tenido un efecto positivo sobre su salud mental y bienestar. Además, un 41 % señalaba que la lectura ayudaba a sentirse más conectado con otras personas.
Otros datos recogidos en el artículo apuntan en la misma dirección. Entre las personas encuestadas que leían al menos 30 minutos por semana, un 64 % afirmaba comprender mejor los sentimientos de otras personas, frente al 48 % de quienes no leían. La lectura también aparece relacionada con el crecimiento personal, la tolerancia hacia creencias diferentes y la capacidad de encontrar momentos de calma. Son datos basados en percepciones personales y, por tanto, deben interpretarse con prudencia.
La lectura compartida abre además otra vía interesante. Una revisión de 11 estudios sobre personas mayores encontró mejoras en el bienestar y reducciones de la soledad y el aislamiento social. También se han observado beneficios sociales y emocionales entre participantes en clubes de lectura. Leer puede ser una actividad individual, pero hablar sobre lo leído puede convertirla además en un espacio de encuentro y relación con otras personas.
Leer por placer desde la infancia se relaciona con mejor atención, memoria y salud mental en la adolescencia
Una de las investigaciones destacadas utiliza datos de 10.243 participantes del estudio estadounidense Adolescent Brain Cognitive Development. Los resultados relacionaron la lectura por placer durante los primeros años con un mejor rendimiento posterior en atención, control inhibitorio, memoria de trabajo y memoria episódica. También se observaron menos problemas de salud mental, menor falta de atención, niveles más bajos de estrés y depresión y mejores relaciones sociales durante la adolescencia.
Hay dos asociaciones más que llaman la atención: los niños y niñas con mayor contacto temprano con la lectura por placer presentaban posteriormente menos tiempo de pantalla y más horas de sueño. También mostraban mejores resultados educativos. Esto no significa que leer sea la causa directa de todos estos comportamientos, pero sí dibuja un conjunto de hábitos que aparecen relacionados entre sí y que pueden favorecer el desarrollo durante etapas especialmente importantes.
Las técnicas de neuroimagen encontraron además diferencias en determinadas zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje, la cognición y la regulación emocional. Estas asociaciones se mantuvieron después de controlar numerosos factores, entre ellos la educación de madres y padres y los ingresos familiares. Esto lleva a los autores a señalar la lectura por placer como una actividad especialmente accesible para favorecer el desarrollo cognitivo desde edades tempranas. Escuelas, bibliotecas y otras iniciativas comunitarias aparecen así como espacios desde los que facilitar el acceso a los libros y, sobre todo, ayudar a encontrar lecturas que realmente despierten interés.
Leer también se relaciona con mejores resultados en lectura y puede apoyar el aprendizaje de las matemáticas
Que leer mejora las habilidades lectoras puede parecer evidente, pero los datos recopilados permiten ir un poco más allá. Los niños y adolescentes que afirmaban leer diariamente o sentir placer al hacerlo obtenían mejores puntuaciones en las pruebas de lectura que quienes no tenían ese hábito. Cuanto más presente está la lectura voluntaria, mayor parece ser también el desarrollo de determinadas capacidades lingüísticas y cognitivas.
Más llamativa resulta la posible relación con las matemáticas. Leer y resolver determinadas tareas matemáticas comparten procesos como la memoria, las funciones ejecutivas, la comprensión del lenguaje o la capacidad para trabajar con información de manera ordenada. Esto resulta especialmente visible en problemas escritos, representaciones numéricas verbales o recuperación de conocimientos aritméticos.
Una investigación longitudinal incluida en el trabajo siguió durante 12 años a 554 niños que tenían unos seis años y medio al inicio. Los niveles medios y altos de rendimiento lector se asociaron posteriormente con un mayor crecimiento matemático, sobre todo entre quienes inicialmente mostraban más dificultades en esta materia. No significa que leer novelas convierta automáticamente a alguien en mejor estudiante de matemáticas, sino que algunas capacidades que se desarrollan alrededor de la lectura también participan en otros aprendizajes.
La experiencia lectora está relacionada con cambios en las redes cerebrales implicadas en el lenguaje y la cognición
Una de las partes más interesantes del artículo es la dedicada a explicar qué ocurre en el cerebro cuando leemos. Un metaanálisis de estudios realizados mediante resonancia magnética funcional encontró un patrón común de activación tanto en niños como en adultos. Intervienen zonas relacionadas con el reconocimiento visual de las palabras, el procesamiento del lenguaje y el control de la atención.
La red cerebral relacionada con la lectura comienza a desarrollarse temprano, pero continúa refinándose y especializándose a lo largo de la vida. Los estudios recogidos muestran también asociaciones entre una mayor capacidad lectora y diferencias en la conectividad de la materia blanca durante la infancia. En adultos jóvenes, una mayor exposición a materiales impresos se ha relacionado con un mayor grosor cortical en regiones vinculadas al lenguaje.
Incluso algunas intervenciones permiten observar la plasticidad cerebral. Un pequeño estudio con niños con dislexia detectó mejoras en la capacidad lectora después de ocho semanas de entrenamiento y cambios posteriores en el volumen de materia gris de determinadas regiones cerebrales. También se han documentado cambios estructurales después de procesos de alfabetización en personas adultas.
Todo ello no permite afirmar que cada libro leído produzca un cambio cerebral concreto. La relación es mucho más compleja. Sin embargo, la evidencia recopilada apunta a que leer no solo utiliza redes cerebrales existentes, sino que la propia experiencia lectora puede participar en su desarrollo y especialización.
Leer ficción también activa procesos relacionados con la comprensión de otras personas
No todos los efectos estudiados tienen que ver con recordar información, ampliar vocabulario o entrenar la atención. La ficción introduce otro elemento interesante: obliga constantemente a interpretar intenciones, emociones, decisiones y puntos de vista de otras personas.
Las investigaciones con neuroimagen indican que las historias con un fuerte contenido social activan redes cerebrales relacionadas con la denominada cognición social. Entre ellas se encuentra la capacidad para imaginar qué puede pensar, sentir o hacer otra persona. En uno de los estudios citados, realizado con jóvenes adultos mientras leían textos literarios dentro de un escáner de resonancia magnética funcional, distintas partes de la denominada red neuronal por defecto respondían de manera diferente según el contenido de los pasajes.
Las personas que afirmaban leer ficción con más frecuencia también mostraban un mejor rendimiento en tareas de cognición social. Son resultados que todavía necesitan más investigación, pero ayudan a entender por qué entrar durante unas páginas en la vida de personajes distintos a nosotros puede relacionarse con una mayor comprensión de otras perspectivas. Quizás ahí se encuentre también parte de la conexión entre lectura, empatía y bienestar social que aparece en otros estudios.
Leer con frecuencia en la vejez se asocia con un deterioro cognitivo más lento y un menor riesgo de demencia
La relación entre lectura y cerebro no termina al llegar a la edad adulta. Diferentes estudios longitudinales incluidos en el artículo encuentran que las actividades intelectualmente estimulantes, entre ellas leer, están asociadas con un deterioro cognitivo más lento y un menor riesgo de demencia.
Las investigaciones recopiladas incluyen seguimientos prolongados. Un estudio con más de 5.400 personas cognitivamente sanas mayores de 55 años encontró que quienes realizaban con frecuencia actividades estimulantes como leer presentaban menos probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo durante los cinco años siguientes. Otros trabajos han encontrado asociaciones similares entre actividades como leer libros, revistas o periódicos y un menor riesgo posterior de enfermedad de Alzheimer o demencia.
Una investigación especialmente interesante siguió durante 14 años a 1.962 personas mayores de 64 años. Leer al menos una vez por semana estaba relacionado con un menor riesgo de deterioro cognitivo a los seis, diez y catorce años, y esta asociación aparecía independientemente del nivel educativo.
No significa que leer garantice evitar una enfermedad neurodegenerativa. Los autores hablan de asociaciones y reconocen que todavía queda por conocer mejor la relación causal entre lectura y funcionamiento cerebral. Sin embargo, la suma de evidencias apunta hacia la misma dirección: mantener actividades cognitivamente estimulantes como la lectura podría contribuir a construir y conservar la denominada reserva cognitiva durante el envejecimiento.
La lectura puede ofrecer oportunidades especialmente importantes cuando existen desigualdades educativas y económicas
Hay una cuestión que aparece varias veces en el trabajo y que merece una atención especial. Algunos de los beneficios asociados con la lectura se mantienen incluso cuando los investigadores tienen en cuenta factores como los ingresos familiares o el nivel educativo.
En el estudio sobre infancia, por ejemplo, las asociaciones entre lectura temprana, cognición y salud mental seguían presentes después de controlar diferentes circunstancias personales, familiares y socioeconómicas. Entre las personas mayores ocurre algo parecido: algunos estudios encontraron que quienes tenían menos años de educación formal, pero mantenían un hábito lector frecuente, presentaban mejores resultados cognitivos que quienes tenían un nivel educativo similar y no leían habitualmente.
Los autores plantean por ello que facilitar la lectura desde edades tempranas podría contribuir a amortiguar algunas de las desventajas relacionadas con contextos socioeconómicos menos favorables. Conviene no exagerar esta conclusión: los libros no sustituyen a unas buenas políticas educativas, sociales o sanitarias. Pero garantizar que cualquier persona pueda acceder desde pequeña a libros, espacios de lectura y oportunidades para elegir qué leer sí puede formar parte de esas políticas.
Las bibliotecas facilitan el acceso a la lectura y pueden reforzar el bienestar y la conexión social
Quizás una de las ideas más interesantes del artículo sea precisamente la sencillez de la propuesta. Leer es una actividad relativamente económica, accesible y adaptable a prácticamente cualquier edad. Y cuando el acceso individual se combina con bibliotecas, clubes de lectura y programas comunitarios, aparece además el componente social.
Las bibliotecas llevan mucho tiempo acercando libros a personas que, de otra manera, tendrían más dificultades para acceder a ellos. Pero su papel puede ir bastante más allá de colocar libros a disposición de la comunidad. Pueden facilitar la elección, recomendar lecturas según los intereses de cada persona, crear espacios tranquilos para leer, organizar clubes y encuentros y acompañar a quienes todavía no han encontrado qué tipo de lectura conecta con ellos.
Esto resulta especialmente interesante después de comprobar que la libertad para elegir aparece entre las motivaciones que los propios jóvenes señalan para leer. No siempre hace falta convencer a alguien de que debe leer. A veces hace falta poner a su alcance más opciones hasta que encuentre la que despierte su curiosidad.









