Cómo impulsar bibliotecas verdes con las directrices de la IFLA
Las bibliotecas llevan años demostrando que pueden cuidar del planeta desde lo cotidiano. Hablar de sostenibilidad no es un tema extra, tampoco extraño, sino más bien algo que atañe a cómo usamos la energía, qué compramos, cómo organizamos espacios y, sobre todo, cómo acompañamos a la comunidad con información fiable y actividades que ayudan a tomar mejores decisiones. En un momento marcado por la crisis climática y por desigualdades sociales, una biblioteca puede ser ejemplo en su propio funcionamiento y, a la vez, un lugar donde aprender a vivir de forma más responsable. Esa combinación, práctica y educativa, hace que cada pequeño cambio en una biblioteca tenga un efecto que se multiplica fuera de sus paredes.

En ese contexto se enmarca el trabajo de la IFLA con las IFLA Guidelines for Green Libraries, una guía pensada para ayudar a las bibliotecas a incorporar la sostenibilidad de forma práctica y continua. Su propuesta es acompañar a los equipos en la toma de decisiones, desde cambios sencillos en el funcionamiento diario hasta acciones más ambiciosas cuando el contexto lo permite. La guía entiende que no todas las bibliotecas parten del mismo punto y, por eso, propone un enfoque flexible, ajustable a recursos, espacios y necesidades reales. También conecta este avance con compromisos compartidos, como la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para que el esfuerzo tenga sentido y dirección.








