10 ideas de la UNESCO que sitúan a las bibliotecas en el centro de la política cultural
Las bibliotecas conocen bien algo que a veces se olvida en los grandes debates culturales: la cultura también se sostiene en lo cercano, en lo que ocurre cada día y en los espacios que hacen posible el acceso, el encuentro y la participación. Ahí están cuando acompañan la lectura, cuando abren oportunidades de aprendizaje, cuando acercan contenidos digitales o cuando refuerzan el vínculo de una comunidad con su entorno. Por eso el cuarto informe Re|Shaping Policies for Creativity ofrece una referencia especialmente valiosa. Aunque no esté centrado solo en las bibliotecas, sí aporta un marco muy útil para entender mejor su valor dentro de la política cultural.

La UNESCO plantea esta reflexión con una base amplia que ayuda a entender mejor cómo están cambiando hoy las políticas culturales. El informe, publicado ochenta años después de la creación de la organización y dos décadas después de la Convención de 2005, reúne 133 informes periódicos y cerca de 4.000 medidas aplicadas entre 2021 y 2024 para observar cómo están evolucionando las políticas culturales en el mundo. Y lo que aparece en esa panorámica conecta de lleno con la realidad bibliotecaria: un mayor reconocimiento institucional de la cultura, pero también desigualdades persistentes, financiación insuficiente, brechas digitales y una aceleración tecnológica que obliga a repensar muchas respuestas.
En ese contexto, el papel de las bibliotecas no queda en un segundo plano, sino que aparece ligado a muchas de las cuestiones que hoy marcan la conversación cultural: el acceso, la participación, la equidad territorial, las competencias digitales, la diversidad lingüística o la inclusión. Desde ahí, el informe ofrece una base muy valiosa para llevar sus principales aportaciones a un terreno más cercano y reconocer por qué las bibliotecas siguen ocupando un lugar tan importante en la vida cultural de las comunidades.
Re|Shaping Policies for Creativity, el informe que ayuda a situar a las bibliotecas en la política cultural
El cuarto informe Re|Shaping Policies for Creativity traza una panorámica amplia sobre los retos y cambios que están definiendo hoy las políticas culturales. A partir de ese marco, las diez ideas que siguen recogen algunas de las cuestiones que más directamente conectan con la realidad de las bibliotecas y ayudan a comprender mejor su aportación, su valor público y su capacidad para responder a necesidades muy presentes en la vida cultural de las comunidades.
1. Las bibliotecas son infraestructura cultural de pleno derecho
Uno de los puntos más interesantes del informe es que la UNESCO analiza la infraestructura cultural a partir de cuatro grandes tipos de equipamientos: cines, bibliotecas, museos y salas de conciertos. No es una mención anecdótica. Es una manera de reconocer que las bibliotecas forman parte de la base material que hace posible el acceso a la cultura. Además, el análisis de unas 28.000 infraestructuras culturales geolocalizadas en 244 ciudades de 105 países muestra una desigualdad importante: las ciudades de países desarrollados tienen, de media, 6,2 equipamientos culturales por cada 100.000 habitantes, frente a 2,1 en países en desarrollo.
2. El acceso a la cultura sigue necesitando políticas concretas
El informe insiste en algo que conviene no dar por resuelto: acceder a la cultura no depende solo de que existan recursos, sino de que existan medidas para que lleguen a más personas. La UNESCO señala que las políticas o medidas para facilitar la participación en la vida cultural y el acceso a equipamientos y expresiones diversas han pasado del 81 % al 87 % entre los dos últimos periodos analizados. También recuerda que estas políticas deben atender especialmente a los grupos vulnerables o desfavorecidos. Para las bibliotecas, esta idea resulta muy familiar: abrir la puerta no siempre basta; muchas veces hay que acompañar, adaptar y remover barreras para que el acceso sea real.
3. Las bibliotecas pueden ser una herramienta muy potente de cohesión comunitaria
Aquí el informe aporta un ejemplo especialmente interesante para el sector. En Rumanía, la organización EDUCAB ha transformado bibliotecas de pequeñas comunidades en centros culturales inclusivos, con actividades para colectivos poco atendidos, desde teatro y cine hasta alfabetización digital y formación para el empleo. También ha impulsado servicios para personas refugiadas ucranianas y ha contribuido al rediseño de los espacios bibliotecarios para hacerlos más abiertos y accesibles. Esta experiencia muestra algo que muchas bibliotecas ya practican: no solo acercan cultura, también fortalecen la comunidad, activan la participación y se convierten en lugares de apoyo y acogida.
4. La política cultural necesita estructuras estables y trabajo compartido
El informe subraya avances importantes en la arquitectura institucional de la cultura. El 100 % de los países que informan cuentan ya con un ministerio o agencia con competencias y presupuesto para cultura, y el 92 % dispone de marcos de cooperación interministerial. A eso se suma un aumento de los países con instituciones responsables de recopilar estadísticas culturales, que pasan del 62 % al 81 %. Todo esto importa mucho para las bibliotecas, porque su reconocimiento no debería depender solo de proyectos puntuales o de sensibilidades concretas, sino de políticas públicas más estables, conectadas con educación, desarrollo local, inclusión, tecnología y participación.
5. Sin datos, las bibliotecas lo tienen más difícil para defender su valor
La UNESCO vuelve a poner el foco en una cuestión que afecta de lleno al ámbito bibliotecario: la necesidad de contar con mejores sistemas de información y evaluación. El informe recuerda que el desarrollo de estadísticas culturales sigue yendo por detrás de otras áreas de la política pública y que solo el 61 % de los países cuenta con oficinas estadísticas o cuerpos de investigación que evalúan políticas culturales, frente al 46 % del periodo anterior. Para las bibliotecas, esto tiene una lectura muy clara. Medir uso, impacto, participación, inclusión o transformación social no es un añadido técnico: es una herramienta para demostrar por qué su trabajo importa y por qué merece más atención en la agenda pública.
6. La financiación cultural continúa siendo una cuestión pendiente
El informe no deja mucho margen para el optimismo en este punto. La financiación pública directa para cultura sigue por debajo del 0,6 % del PIB, y la ayuda al desarrollo destinada a cultura apenas llega al 0,15 %. Son cifras que ayudan a entender por qué tantas instituciones culturales continúan sosteniendo mucho más de lo que sus recursos permiten. En el caso de las bibliotecas, esto refuerza una idea que conviene repetir sin cansancio: invertir en ellas no es mantener un servicio más, sino reforzar una infraestructura que mejora el acceso cultural, reduce desigualdades y acompaña a la ciudadanía en muchos frentes a la vez.
7. Lo digital ya forma parte de la política cultural
Otra de las grandes ideas del informe es que la transformación digital ya no puede tratarse como una cuestión lateral. La UNESCO señala que el 85 % de las partes ha desarrollado estrategias culturales digitales, y que los ingresos procedentes de fuentes digitales representan ya el 35 % de los ingresos de las personas creadoras. Al mismo tiempo, el informe recuerda que el acceso a tecnologías, infraestructuras y competencias digitales sigue siendo muy desigual. Desde una mirada bibliotecaria, esto confirma algo muy importante: las bibliotecas no son espacios analógicos a los que después se añade tecnología, sino servicios culturales que también deben pensarse desde lo digital.
8. Digitalizar tiene sentido cuando sirve para ampliar acceso y preservar diversidad
El informe ofrece varios ejemplos que ayudan a entender bien este matiz. No presenta la digitalización como un gesto de modernización vacía, sino como una vía para ampliar acceso, preservar patrimonio y sostener la circulación cultural. Esa es precisamente la lógica que puede resultar más inspiradora para las bibliotecas: no digitalizar por inercia, sino para llegar mejor, conservar mejor y ofrecer más oportunidades de acceso a la cultura. Es una mirada especialmente útil para cualquier biblioteca que esté replanteando sus colecciones, servicios o estrategias de presencia digital.
9. La alfabetización digital también es una responsabilidad cultural
La UNESCO es bastante clara al señalar que las brechas digitales siguen siendo profundas. En países desarrollados, el 67 % de la población cuenta con competencias digitales básicas, frente al 28 % en países en desarrollo. Además, casi dos tercios de las partes informan ya de programas de alfabetización digital para la creación y la experimentación, una cifra que ha crecido con rapidez en los últimos años. Para las bibliotecas, esto tiene una lectura muy directa: formar en competencias digitales no es solo una tarea tecnológica o educativa, también es una forma de ampliar la participación cultural y de evitar que parte de la ciudadanía quede fuera de los nuevos entornos de acceso, creación y circulación de contenidos.
10. La inteligencia artificial ya está afectando a la cultura, y las bibliotecas no deberían quedarse fuera
Quizá aquí esté uno de los avisos más importantes del informe. La UNESCO advierte de que, entre 148 leyes sobre inteligencia artificial aprobadas en el mundo, solo una sitúa la cultura como asunto central. También señala que el 79 % de los profesionales culturales percibe la IA como una amenaza para sus medios de vida y que solo el 48 % de las partes informa de medidas para desarrollar datos o estudios sobre acceso a medios digitales. Desde la perspectiva bibliotecaria, esto importa mucho. Las bibliotecas trabajan con memoria, patrimonio, colecciones locales, diversidad lingüística, acceso a la información y competencias críticas. Todo eso las convierte en agentes que deberían estar presentes en la conversación sobre gobernanza digital e inteligencia artificial.
Un marco que las bibliotecas pueden usar a su favor
Lo más valioso de este informe es que ofrece argumentos sólidos para reforzar algo que el sector bibliotecario lleva tiempo defendiendo con hechos: las bibliotecas son cultura, son acceso, son mediación y son comunidad. También son infraestructura pública, alfabetización, inclusión y acompañamiento en un momento en el que la política cultural tiene que responder a retos cada vez más complejos. Mirar el informe desde las bibliotecas no consiste en forzar una lectura, sino en reconocer que muchas de sus alertas y muchas de sus propuestas tocan de lleno la realidad bibliotecaria.
Y quizá ahí esté la oportunidad más interesante. Este tipo de documentos internacionales no solo sirven para entender tendencias; también pueden ayudar a las bibliotecas a explicarse mejor, a defender su lugar con más claridad y a reclamar una presencia más firme en la planificación cultural. Porque cuando una biblioteca amplía acceso, reduce barreras, fortalece competencias y crea comunidad, no está orbitando alrededor de la política cultural: está haciéndola posible.










