Cómo impulsar bibliotecas verdes con las directrices de la IFLA

19 febrero, 2026 at 07:33

Las bibliotecas llevan años demostrando que pueden cuidar del planeta desde lo cotidiano. Hablar de sostenibilidad no es un tema extra, tampoco extraño, sino más bien algo que atañe a cómo usamos la energía, qué compramos, cómo organizamos espacios y, sobre todo, cómo acompañamos a la comunidad con información fiable y actividades que ayudan a tomar mejores decisiones. En un momento marcado por la crisis climática y por desigualdades sociales, una biblioteca puede ser ejemplo en su propio funcionamiento y, a la vez, un lugar donde aprender a vivir de forma más responsable. Esa combinación, práctica y educativa, hace que cada pequeño cambio en una biblioteca tenga un efecto que se multiplica fuera de sus paredes.

IFLA Guidelines for Green Libraries una guía práctica para crear bibliotecas verdes

En ese contexto se enmarca el trabajo de la IFLA con las IFLA Guidelines for Green Libraries, una guía pensada para ayudar a las bibliotecas a incorporar la sostenibilidad de forma práctica y continua. Su propuesta es acompañar a los equipos en la toma de decisiones, desde cambios sencillos en el funcionamiento diario hasta acciones más ambiciosas cuando el contexto lo permite. La guía entiende que no todas las bibliotecas parten del mismo punto y, por eso, propone un enfoque flexible, ajustable a recursos, espacios y necesidades reales. También conecta este avance con compromisos compartidos, como la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para que el esfuerzo tenga sentido y dirección.

El documento define qué significa ser una biblioteca verde desde una mirada ambiental, social y económica, y ofrece un marco para pasar de la intención a la acción. Para facilitar el trabajo, reúne recomendaciones organizadas por áreas que cubren la formación del personal, las operaciones y el mantenimiento, las colecciones, los servicios y programas, el edificio y el equipamiento, además de aspectos legales y éticos. También incorpora la necesidad de medir avances y revisar resultados, de modo que la sostenibilidad no dependa de acciones sueltas, sino de objetivos claros y seguimiento. La lectura deja una idea útil: empezar por lo posible, priorizar y aprender mientras la biblioteca mejora su impacto.

Marco y áreas de acción para bibliotecas verdes según la IFLA

Las pautas parten de una definición de «biblioteca verde y sostenible» que contempla sostenibilidad ambiental, social y económica. Hablan de reducir emisiones en edificios y equipamiento, aplicar principios de oficina, impulsar prácticas de economía circular y de préstamo compartido, ofrecer servicios que generen una huella positiva en la comunidad y trabajar la inclusión para reducir desigualdades. También piden gestionar con objetivos SMART y alinearse con marcos como los ODS y el Acuerdo de París, junto a Educación para el Desarrollo Sostenible. Para ordenar todo ese conjunto, presentan siete componentes conectados entre sí que incluyen formación del personal, operaciones y mantenimiento, colecciones, servicios y programas, ley y ética, edificios y equipamiento, y seguimiento y evaluación. Así, cada biblioteca puede repartir esfuerzos y avanzar de forma coherente.

Componentes de las bibliotecas verdes

A partir de ahí, el documento aterriza recomendaciones por áreas. En formación, insiste en que el equipo necesita comprender la sostenibilidad para convertirla en hábitos, con módulos adaptados al tamaño de la biblioteca, recursos en línea de bajo coste y materiales reutilizables que faciliten aprender en red. En operaciones, propone definir una estrategia y publicarla, fijar objetivos medibles de ahorro, y dar ejemplo con rutinas de oficina más responsables. También sugiere trabajar la visibilidad, usar materiales de apoyo de IFLA Environment, Sustainability and Libraries (ENSULIB) Section, unirse a redes y manifiestos, contar avances en memorias anuales y valorar la candidatura al IFLA Green Library Award. La idea es sencilla, si lo hacemos, también hay que contarlo.

En colecciones y servicios, las pautas invitan a mirar el impacto ambiental y social tanto del papel como de lo digital, considerando almacenamiento, infraestructuras y consumo energético, y también inclusión y acceso equitativo. Recomiendan priorizar contenidos relacionados con sostenibilidad, ODS y diversidad, y cuidar la preservación del patrimonio cultural, creando copias digitales de materiales valiosos y evitando duplicar digitalizaciones. En el capítulo legal y ético se recuerda cumplir normativa ambiental, privacidad y derechos de autor, y tratar con respeto el conocimiento indígena. En edificios y equipamiento, se subraya que se puede avanzar por etapas, incluso sin construir de cero, con pautas sobre luz, ventilación, agua y materiales, y criterios de conservación como mantener 18 – 22°C y 40 – 55 % de humedad relativa para fondos en papel.

Seguimiento y evaluación en bibliotecas verdes para mejorar paso a paso

La mejora no se sostiene si no se mide. Por eso, el capítulo de seguimiento y evaluación propone un marco flexible para definir metas SMART, específicas, medibles, alcanzables, realistas y con plazo, y revisar avances en tres planos que abarcan lo ambiental, lo social y lo económico. Habla de monitorizar consumo de energía y agua, gestión de residuos, calidad interior o eficiencia de equipos, y de observar participación comunitaria, sostenibilidad de colecciones y criterios ambientales en proveedores. La propuesta es trabajar con objetivos a corto y largo plazo, compararse con bibliotecas cuando sea posible y ajustar el rumbo según resultados y recursos. Además, anima a informar de forma transparente y celebrar logros compartiendo lo que funcionó y lo que habría que hacer de otra manera.

El documento cierra con una idea que alivia y anima a la vez. No existe una biblioteca demasiado pequeña, grande o con pocos recursos para empezar. Las pautas reúnen ejemplos y buenas prácticas, y recuerdan que no se espera hacerlo todo. Muchas bibliotecas eligen un foco para avanzar con sentido y conectarlo con los ODS. También se menciona el valor de participar en redes, usar espacios de intercambio como las historias de ODS en el Library Map of the World y aprender de reconocimientos como el IFLA Green Library Award. Si tu biblioteca quiere dar el paso, quizá baste con escoger una primera acción, sumarla al plan anual y buscar alianzas locales. El cambio se construye en equipo, día a día.