Una mirada práctica para que tu biblioteca sea realmente accesible

20 enero, 2026 at 07:33

Las bibliotecas han demostrado durante décadas que son uno de los espacios sociales más poderosos para promover la inclusión. Sin embargo, garantizar que todas las personas puedan disfrutar de sus servicios sigue siendo un reto. Las IFLA Guidelines for Making Libraries Accessible for People with Disabilities recuerdan que la accesibilidad no es un añadido, sino una responsabilidad que forma parte del compromiso bibliotecario con los derechos humanos. Estas directrices plantean un enfoque amplio que abarca desde la accesibilidad física hasta la comunicación, la tecnología y la interacción diaria con las personas usuarias. Su objetivo es que cada biblioteca, independientemente de su tamaño o contexto, avance hacia un modelo más consciente, abierto y plenamente inclusivo.

Cómo hacer bibliotecas más accesibles para todas las personas

El trabajo impulsado por la IFLA pone el foco en actualizar y ampliar la mirada que ya recogía la checklist de 2005, incorporando avances en tecnología, lenguaje, prácticas de servicio y comprensión social hacia las personas con discapacidad. Las nuevas directrices adoptan un enfoque basado en derechos, alineado con la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. La IFLA destaca además la importancia de la colaboración con la comunidad, de escuchar sus voces y de poner en práctica principios como el diseño universal o la adopción de tecnologías de apoyo. Con ello busca ofrecer un marco global que facilite la toma de decisiones y la planificación en bibliotecas de cualquier tipología.

Estas directrices ofrecen una visión estructurada del trabajo necesario para lograr una biblioteca plenamente accesible. Sus capítulos abordan tanto la filosofía que sustenta este enfoque como recomendaciones prácticas para mejorar espacios, colecciones, servicios y habilidades del equipo bibliotecario. Incluyen orientaciones sobre diseño universal, eventos accesibles, acceso físico, tecnologías asistivas y estrategias para atender a distintos colectivos: personas con discapacidad visual, auditiva, cognitiva, intelectual, movilidad reducida o dificultades lectoras, entre otras. También destacan la importancia de la gestión, la elaboración de políticas, la formación del personal y la colaboración con organizaciones especializadas para garantizar un servicio equilibrado y sostenible.

Un marco de derechos: diseño universal, tecnología y participación activa

Las directrices sitúan la accesibilidad en el centro de los derechos humanos. Según la IFLA, garantizar el acceso a la información, la educación y la participación cultural exige eliminar barreras físicas, tecnológicas y actitudinales. El documento subraya la relevancia de la Convención de la ONU y del principio «nada sobre nosotros sin nosotros», animando a las biblioteca a trabajar junto a las comunidades de personas con discapacidad para diseñar y evaluar servicios. Además, incorpora el diseño universal como base para crear espacios, recursos y experiencias utilizables por todas las personas, complementándolo con soluciones específicas cuando sea necesario. También introduce el papel de la tecnología de asistencia como herramienta importante para la inclusión.

Otro de los pilares del documento es el Tratado de Marrakech, que permite producir y compartir copias accesibles sin infringir derechos de autor. La IFLA recuerda que este marco abre nuevas posibilidades para que las bibliotecas ofrezcan obras en formatos como audio, Braille o EPUB accesible, ampliando considerablemente el acceso a la lectura. Las directrices no solo explican el alcance del tratado, sino que orientan sobre cómo implementarlo en la práctica y cómo consultar los recursos existentes para facilitar su adopción. Con ello, la federación refuerza la importancia de que las bibliotecas participen activamente en la democratización del acceso al conocimiento.

En el ámbito de la gestión, las directrices insisten en que la accesibilidad debe formar parte de la cultura organizativa, no depender de esfuerzos individuales. Proponen crear políticas claras, evaluar necesidades, establecer alianzas con organizaciones especializadas, revisar procesos de contratación y formación, y garantizar que el personal disponga de recursos y conocimientos para atender a cada persona con respeto y empatía. La IFLA subraya el papel del liderazgo para impulsar cambios, asegurar su continuidad y construir bibliotecas que integren la inclusión de manera coherente en todas sus decisiones.

Accesibilidad en la práctica: espacios, servicios y atención a colectivos específicos

El documento dedica una parte importante a describir cómo deben adaptarse los espacios físicos. Incluye orientaciones detalladas sobre entradas accesibles, señalización clara, rampas, ascensores, recorridos sin obstáculos, mobiliario ajustable o sistemas de apoyo como bucles magnéticos. También recoge recomendaciones sobre confort, seguridad y autonomía dentro de la biblioteca. Este enfoque se complementa con pautas para organizar eventos presenciales u online teniendo en cuenta necesidades diversas, desde subtitulado hasta distribución del espacio o información previa a la actividad. Las directrices muestran así cómo la accesibilidad debe estar presente antes, durante y después de cada actividad bibliotecaria.

El acceso a la información es otro eje fundamental. La IFLA plantea estrategias para adaptar contenidos, crear materiales en lectura fácil, utilizar lenguaje claro, producir versiones digitales accesibles y garantizar la compatibilidad con tecnologías de asistencia. También anima a formar al personal en el uso de herramientas, apoyar a las personas usuarias y establecer alianzas con bibliotecas especializadas. Además, el documento aborda la accesibilidad en línea, recordando la importancia de cumplir con estándares como WCAG 2.0 y asegurar que webs, aplicaciones y redes sociales puedan ser utilizadas por cualquier persona.

Finalmente, las directrices profundizan en la atención a grupos específicos. Incluyen orientaciones para trabajar con niños, estudiantes, personas mayores, personas con discapacidad visual, auditiva, física, cognitiva o intelectual, con dislexia, con dificultades de aprendizaje, con trastornos del espectro autista, problemas de salud mental o personas que no pueden desplazarse a la biblioteca. Para cada caso se detallan recomendaciones en materia de comunicación, diseño de actividades, materiales, tecnología y colaboración con entidades especializadas. Con ello, la IFLA reconoce la diversidad de realidades dentro de la discapacidad y ayuda a las bibliotecas a ofrecer un servicio sensible y adaptado.

Bibliotecas que derriban barreras

Las directrices de la IFLA nos recuerdan que la accesibilidad es un proceso continuo. No se trata de llegar a un punto final, sino de avanzar cada día, escuchando a la comunidad, adaptándose y construyendo espacios que realmente representen a todas las personas. Las bibliotecas tienen la capacidad de transformar vidas, y estas recomendaciones ofrecen un camino claro para fortalecer ese impacto. Apostar por la accesibilidad significa apostar por una biblioteca más abierta, justa y cercana. Y cada paso que se dé, por pequeño que parezca, contribuye a una sociedad en la que todas las personas puedan aprender, disfrutar y participar plenamente.