Cómo las bibliotecas amplían las oportunidades de aprendizaje para las personas adultas
Las bibliotecas públicas llevan décadas acompañando los procesos de aprendizaje de las personas adultas, pero el contexto actual les ha situado en un papel aún más decisivo. La transformación tecnológica, la complejidad social y las necesidades laborales en constante cambio han ampliado lo que se espera de estos espacios, convirtiéndolos en lugares donde se aprende, se encuentra apoyo y se tejen relaciones con la comunidad. El informe Expanding Possibilities: Public Libraries and Adult Learning ofrece una radiografía actualizada de este panorama, mostrando cómo los programas, las alianzas y las estrategias de equidad están redefiniendo la educación de adultos.

El trabajo realizado por la Public Library Association (PLA) refuerza la idea de que las bibliotecas siguen evolucionando para responder a necesidades reales. La asociación, con casi 9.000 miembros, ha impulsado esta investigación para entender mejor qué demandan los adultos, qué barreras enfrentan y cómo están respondiendo las bibliotecas. El estudio recoge datos de una encuesta nacional a 352 bibliotecas públicas de Estados Unidos, complementada con casos reales y evidencia externa. El resultado es un análisis detallado que identifica carencias, retos y oportunidades en áreas como alfabetización digital, aprendizaje del inglés, formación laboral, salud, participación comunitaria o bienestar emocional.
Este trabajo subraya la amplitud de contenidos que abordan hoy las bibliotecas públicas y muestra cómo estas instituciones están adaptando sus servicios para acompañar el aprendizaje a lo largo de la vida. A partir de las evidencias reunidas en el estudio, el artículo explora las áreas formativas más extendidas, las necesidades emergentes y los retos que condicionan la participación de las personas adultas. También recoge ejemplos presentes en el informe que ilustran cómo se están articulando los programas en distintas comunidades. Con ello, se busca ofrecer una visión global del papel actual de las bibliotecas en la educación de personas adultas y de las posibilidades que se abren para los próximos años.
Qué están aprendiendo hoy las personas adultas en las bibliotecas
El informe muestra un panorama amplio y diverso de la educación de adultos. Prácticamente todas las bibliotecas ofrecen algún tipo de formación, pero destacan áreas comunes como alfabetización digital (68,2 %), salud y bienestar (59,7 %), actividades creativas (85,2 %), genealogía e historia local (59,7 %) y programas de conexión social y estimulación cognitiva (51,1 %). Estas cifras reflejan la variedad de intereses de la comunidad, pero también la necesidad de acompañamiento en cuestiones muy básicas, como el uso del correo electrónico, la navegación segura o la comunicación digital. También aumenta la demanda de formación laboral, presente en casi la mitad de los sistemas encuestados, y que incluye búsqueda de empleo, redacción de currículums o preparación de entrevistas.
Una de las principales tendencias mencionadas en el informe hace referencia a la dificultad para atender a determinados grupos. Los jóvenes de 18 a 35 años siguen siendo el sector menos participativo, y solo la mitad de las bibliotecas oferta programas específicos para el tramo 18 – 24. También surgen necesidades críticas en personas inmigrantes y con bajo nivel de alfabetización: solo el 28,7 % de las bibliotecas ofrece alfabetización básica y apenas el 21,9 % apoya la obtención de equivalencias de educación secundaria, pese a que estas demandas aparecen como prioritarias en muchas comunidades.
Cuando los retos se convierten en oportunidades
El estudio identifica barreras que impiden a muchas personas participar en las actividades formativas. Las más frecuentes son la falta de tiempo (80,7 %), los conflictos de horarios (66,8 %), la brecha digital (70 % combinando habilidades y acceso), el transporte (56,2 %) y el cuidado de menores (51,4 %). Estas limitaciones recuerdan que el aprendizaje adulto está profundamente ligado a la vida cotidiana, y que las bibliotecas deben adaptar formatos, horarios y apoyos para facilitar la participación. No basta con programar actividades: hace falta escuchar a la comunidad y ajustarse a sus ritmos y realidades.
Las bibliotecas ya están respondiendo con ideas concretas. Muchas han incorporado sesiones híbridas o grabadas, préstamo de dispositivos y hotspots, tutorías tecnológicas personalizadas (presentes en el 80,4 % de las bibliotecas) o actividades simultáneas para familias. También destacan iniciativas de conexión social, como los Memory cafes para personas con deterioro cognitivo o los grupos de conversación para mejorar el inglés, que combinan aprendizaje y apoyo emocional. El informe subraya que los programas más exitosos son los que ofrecen tanto utilidad práctica como interacción humana.
El poder de las alianzas para llegar más lejos
Las alianzas se presentan como uno de los factores más importantes para ampliar el impacto de los programas. El 84,9 % de las bibliotecas trabaja con organizaciones externas, con una media de cuatro tipos de socios por institución. Estas colaboraciones suelen incluir entidades de alfabetización, centros de mayores, proveedores de salud y agencias de empleo. Los beneficios son claros: más recursos, más alcance y más capacidad para responder a necesidades específicas, como la enseñanza de inglés, la preparación de exámenes o la educación financiera.
Los ejemplos incluidos en el informe muestran cómo estas alianzas transforman los programas. Casos como el de Ascension Parish Library, donde colaboran con organizaciones locales para ofrecer diplomas de secundaria o clases de ciudadanía, o el de San Francisco Public Library, que trabaja con instituciones de reinserción para apoyar a personas que salen del sistema penitenciario, son pruebas de cómo una biblioteca puede convertirse en un puente hacia la inclusión, la estabilidad y la autonomía personal. Las colaboraciones no solo aportan recursos: aportan confianza, legitimidad y conexiones comunitarias que fortalecen el tejido social.
Medir lo que importa para seguir avanzando
El informe destaca que casi todas las bibliotecas miden la asistencia (98,3 %) y muchas recogen comentarios informales, pero solo una minoría utiliza herramientas sistemáticas que permitan evaluar resultados reales como el desarrollo de habilidades, la mejora de la confianza o la obtención de empleo. Aun así, es evidente que las bibliotecas están interesadas en avanzar hacia una evaluación más profunda, capaz de demostrar impacto y atraer apoyo institucional. La recomendación es clara: combinar datos cuantitativos con historias reales, porque ambas perspectivas ayudan a explicar por qué estos programas son esenciales para la comunidad.
Mirando al futuro: un papel cada vez más estratégico
El informe concluye con una idea a tener muy en cuenta: las bibliotecas tienen el potencial de convertirse en los grandes centros comunitarios de aprendizaje adulto del siglo XXI. Sus servicios son gratuitos, accesibles y basados en la confianza. Sus programas llegan a personas que suelen quedar fuera de los itinerarios formales. Y su capacidad para adaptarse rápidamente les permite responder a retos tan diversos como la brecha digital, la soledad, la búsqueda de empleo o la integración de personas inmigrantes. Para lograrlo, necesitan apoyo estable, alianzas sólidas y una visión que sitúe el aprendizaje a lo largo de la vida como un derecho y una oportunidad para todas las personas.










