La biblioteca como brújula en tiempos de desinformación

5 marzo, 2026 at 07:33

Vivimos rodeados de pantallas, titulares y mensajes que compiten por nuestra atención. En ese flujo, la información útil se mezcla con errores, medias verdades y contenidos creados para confundir. La alfabetización mediática e informacional responde a esa realidad con algo muy concreto: aprender a buscar, entender y evaluar lo que consumimos, y actuar con criterio antes de compartir. No es un tema solo escolar ni reservado a especialistas, sino que afecta a la convivencia, a la participación pública y a la confianza. Por su cercanía y su vocación de servicio, las bibliotecas están en una posición privilegiada para acompañar este aprendizaje, sin ruido y con calma.

El papel de las bibliotecas en la alfabetización mediática

El informe «El papel de las bibliotecas en la alfabetización mediática» está elaborado por el Observatorio Vasco de la Cultura y se enmarca en un debate europeo reciente. En noviembre de 2024, el Consejo de ministros de la Unión Europea trató la alfabetización mediática y el papel de las bibliotecas. En ese semestre, Euskadi coordinaba la posición de las comunidades autónomas en el Comité de Asuntos Culturales, y el Gobierno Vasco intervino en la conversación. El documento recoge esa preocupación institucional por la desinformación y subraya una idea de fondo: mejorar las competencias mediáticas ayuda a tomar decisiones informadas, fortalece la participación democrática y reduce el impacto de contenidos engañosos.

El trabajo funciona como una explicación ordenada del problema y como una invitación a situar a las bibliotecas dentro de la respuesta. Primero repasa cómo ha cambiado el concepto de alfabetización mediática y cómo la UNESCO impulsa un enfoque combinado, la alfabetización mediática e informacional. Después analiza por qué la desinformación se ha convertido en un asunto crítico y qué marcos se están desarrollando desde organismos internacionales y europeos. También describe el ecosistema donde conviven medios, entorno digital y educación. A partir de ahí, el informe aterriza sobre el papel bibliotecario, su misión pública y algunas iniciativas que muestran caminos posibles desde bibliotecas públicas.

La alfabetización mediática no es solo un reto educativo: también es un reto democrático. Mejorar competencias mediáticas ayuda a decidir mejor, fortalece la participación y reduce el impacto de la desinformación.

Qué entiende el informe por alfabetización mediática e informacional

El informe insiste en que la alfabetización mediática no es una etiqueta fija. Se ha ampliado con la evolución de los medios y con la vida digital. En ese recorrido, la UNESCO une la alfabetización mediática e informacional en un solo enfoque, conocido como AMI, para recordar que no basta con dominar herramientas. La AMI incluye saber localizar información, evaluar fuentes, comprender cómo se construyen y circulan los mensajes, y participar de forma informada. Por eso se relaciona con bibliotecas, archivos, museos, internet y redes sociales. También conecta con temas actuales como derechos en línea, dilemas éticos sobre acceso y uso de información, y respuesta ante noticias falsas, incitación al odio o ciberacoso.

Desde esa base, el informe sitúa la integridad de la información como un reto central. Explica que la Organización de las Naciones Unidas promovió un proceso de consulta que desembocó en cinco principios universales para la integridad de la información, con participación de muchos agentes, entre ellos las bibliotecas. El mensaje es que la desinformación no es solo un problema de contenidos, sino de confianza y de salud democrática. Por eso la respuesta no puede limitarse a pedir más pensamiento crítico, sino que hace falta crear condiciones para que la ciudadanía pueda reconocer fallos, detectar manipulaciones y comprender intereses, formatos y estrategias que influyen en lo que vemos cada día.

El documento también recoge respuestas desde Europa. Menciona la actualización del código de buenas prácticas contra la desinformación, con compromisos y medidas para reducir su alcance y para proteger a las personas usuarias, incluyendo herramientas y acciones de alfabetización mediática. Para ordenar capacidades, incorpora referencias a marcos de competencias digitales como DigComp 2.2, que aborda, entre otros aspectos, la gestión de información y datos, la seguridad y la resolución de problemas en entornos digitales. Junto a ello, se citan recursos de la UNESCO, como guías, programas y la semana mundial de la AMI, orientados a formación y difusión, incluidos materiales dirigidos a jóvenes.

Qué pueden hacer las bibliotecas en este escenario

Cuando el informe se centra en bibliotecas, parte de su misión pública y del vínculo con la democracia. Recupera el Manifiesto de la biblioteca pública de IFLA y UNESCO y su actualización de 2022, donde se recuerda que la participación depende del acceso libre al conocimiento y de la educación a lo largo de la vida. La biblioteca pública aparece como un portal local hacia el conocimiento en un mundo marcado por la transformación digital. En ese marco, la alfabetización mediática e informacional encaja como parte del servicio. Además, el informe recoge el compromiso ético señalado por la IFLA: ayudar a acceder a información fiable y apoyar la evaluación crítica de las fuentes.

El documento baja a tierra con ejemplos de colaboración y con iniciativas que ya se han movido en esta línea. Señala que bibliotecas y periodistas son aliados naturales, porque las bibliotecas pueden servir de base para tareas de verificación de hechos. También presenta proyectos vinculados a Tactical Tech con participación de la IFLA, como The Glassroom, que utiliza exposiciones inmersivas y formación a través de bibliotecas públicas europeas para trabajar desinformación y privacidad. En el mismo entorno se menciona Data Detox Kit, promovido por Tactical Tech junto a la IFLA y otras entidades. Además, el informe recuerda que existen convocatorias europeas de financiación para proyectos transfronterizos de alfabetización mediática.

En las conclusiones, el informe propone avanzar hacia un Pacto europeo por la alfabetización mediática. Plantea que ese marco común debería facilitar un espacio compartido de aprendizaje sobre AMI, apoyar el desarrollo y la aplicación de programas, y ofrecer una forma de ordenar actuaciones. También señala la necesidad de gobernanza, recursos para capacitar a profesionales y un plan de acción evaluable. Para las bibliotecas, el mensaje es práctico: sois servicios cercanos y accesibles, con una relación de confianza con vuestra comunidad. Situar la AMI en la agenda bibliotecaria significa reforzar esa confianza con orientación, recursos y acciones coherentes que ayuden a informarse mejor.